Hoy Teo me presenta a un buen amigo suyo, Peláez. Quedamos con él en el cruce de Llanoponte, pero antes de su llegada aparece otro amigo de él, Cesar. Puedo decir que tras esta salida que discurrió por sitios hasta ahora desconocidos para mi, que he aprendido varias cosas. La primera de ellas, que se trata de dos excelentes personas, dos excelentes deportistas a los que les estoy profundamente agradecido por sus enseñanzas, y porque me facilitaron a partir de este día mi disfrute de la bicicleta y la naturaleza. Me han enseñado, como cuando un compañero sale a rodar, no lo hace sólo, y en momentos en los que mis fuerzas flaqueaban por la dureza del recorrido, me aconsejaron y ayudaron permaneciendo al lado mío y tirando de mi, sacándome las escasas fuerzas que en momentos puntuales me quedaban, y sobre todo a valorar la amistad. Recuerdo palabras de Peláez, en las que me decía que no me preocupara, que ya llegaría el momento incluso de rodar más que él (lo dudo). Que nuestro compañero Cesar había empezado así con él y ahora tiraba a tope y ya se le hacía dificil cogerle.
Rodamos en dirección al otro lado de la ría de Avilés, fuimos por carretera hasta Zeluán, justo donde hace muchos años cuando era yo un niño, se encontraba la llamada playa de Avilés, y que los avilesinos se acercaban a ella en barcas desde el otro lado de la ría: La Playa de San Balandrán, hoy tristemente abandonada y castigada por la suciedad. Seguimos hacia adelante y nos desviamos para pasar cerca del nuevo colector interceptor de residuos de Avilés y Comarca, una especie de bola que esconde en su interior un impresionante pozo que pude ver cuando se construía, y en el que incluso llegué a divisar en el fondo a una excavadora, que debido a la profundidad se veía pequeñísima. Continuamos ruta ya iniciando senderos, y nos adentramos hacia la playa de Xagó cerca de Lloderos, bordeando la costa con el mar de fondo llegamos a Molín del Puerto donde en momentos puntuales tuvimos que hacernos con las burras al hombro, y donde nos hicimos alguna foto. En Molín del Puerto, pude observar el estropicio que las lluvias y riadas realizaron hace unos meses en Asturias. De allí y por camino rural bordeando la costa y frente al islote la Berméa, realizamos una buena subida creo que se llamaba a La Parada, para desde allí ir camino de Verdicio, dónde el puente que cruzaba a la urbanización había seguido el mismo camino que la casa de Molín del Puerto. Debimos bordear la urbanización por carretera AS-238 y fuimos hasta Ferrero, justo en la recta que enfila al Cabo Peñas. Vistas las escasas fuerzas que me quedaban, que él único bar que en la zona había (cosa rara en Asturias) no ofrecía ningún manjar alimenticio que llevar a la boca salvo una bolsa de Almendrás ya pasadillas, y comenzando a sufrir una buena pájara, optamos por dar finalizada la ruta y volvemos para Avilés a donde llegamos tras realizar 45 km, quemar 3708 calorías, 154 pulsaciones de media, y un sufrimiento máximo de 191 pulsaciones por minuto.
Disculpar mis acompañantes si yerro en el recuerdo de mi camino a casa, pero me encontraba a cola de pelotón con la cabeza gacha y a rueda de ustedes, sin la cual dificilmente hubiera llegado en tiempo y forma. Cuando os vea os preguntaré para poder actualizar esta ruta.
De esta salida además de aprender el valor de la amistad de mis compañeros, aprendí que además de líquido, es necesario llevar algo del que alimentarse. Desde entonces en mi mochila nunca faltan las barritas energéticas.
Estado en el que quedó Molín del Puerto tras las lluvias.
¡¡¡Que estropicio!!!
Lo que queda del puente y la playa de Verdicio.
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